En TSB estamos trabajando desde hace años en descifrar las claves de las rutinas de comportamiento para extraer información que esté vinculada a la seguridad, riesgo inminente, decaimiento progresivo y detección de eventos peligrosos de personas que viven solas y son particularmente vulnerables por incapacidad incipiente, física o mental. Esto abre nuevas oportunidades para crear servicios basados en intervención anticipada que disminuyen o evitan totalmente las consecuencias inmediatas sobre una no-intervención, siempre negativas para la persona en cuestión.

Siempre bajo el paradigma del Ambient Intelligence, hemos conceptualizado y luego implementado tecnologías de sensorización ligadas a un espacio físico limitado, por ejemplo, la vivienda, el sito de trabajo, incluso espacios exteriores, aunque acotados. Es interesante como este concepto ha ido evolucionando hacia la inteligencia ambiental que se desplaza con la propia persona que lleva sus propios sensores vestibles o llevables y una inteligencia que los parametriza en un contexto espacial-temporal. El más obvio de los sensores llevables es hoy en día nuestro Smartphone.
El trabajo de científicos utilizando el análisis de masivo de datos generados por y en el Smartphone para el diagnóstico y seguimiento en el campo de la salud mental ha sido reportado recientemente por Harvard School of Public Health. Es un campo que abrirá oportunidades de crear servicios avanzados hasta ahora poco permeables al uso de tecnologías. En particular el trabajo que está llevando a cabo Jukka-Pekka Onnela en esta universidad es interesante para quienes estamos trabajando en el campo desde las tecnologías de AmI. El objetivo es hacer juicios diagnósticos basados no en lo que las personas dicen sobre su estado de ánimo o su estado mental, sino en lo que objetivamente se puede observar y medir. Este aspecto de la salud mental, se apunta en el report, ha perseguido a los expertos por años: la subjetividad. La combinación de datos pasivos (por ejemplo perfiles de actividad diaria contextualizada) y datos activos (por ejemplo muestras de voz) podrán, permitirán según los autores, tener una imagen de grano fino sobre la dinámica siempre cambiante de las emociones. Si las hipótesis de los autores son ciertas, el uso de dispositivos digitales para cuantificar el comportamiento en todo el espectro de la vida diaria podrá ser también utilizado en otros campos más allá de la salud mental.

En TSB estamos ahora estudiando la viabilidad dentro de nuestros proceso de análisis y selección de las oportunidades que se abrirían para en nuestras líneas de innovación en envejecimiento activo.

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AUTOR: SERGIO GUILLÉN